Dolor con zapatillas nuevas, ¿cómo evitarlo?

Resulta que tu pie y tu cuerpo estaban adaptados a la forma y a la pisada a partir de tus antiguas zapatillas. El hecho de empezar con unas zapatillas nuevas les supone tener que adaptarse a otras características de forma, amortiguación y demás a las que tu cuerpo responde quejándose. Es algo así como cuando estrenas zapatos y terminas el día con alguna ampolla o rozadura. La diferencia es que al correr, el impacto que recibes en cada zancada es equivalente a unas tres veces el peso de tu cuerpo con lo que también la reacción de tu cuerpo en este proceso de adaptación es normal que sea mayor.


Hay quien siente que se le duerme algún dedo del pie a los pocos kilómetros de rodaje. Otros acaban con las rodillas o ciertos músculos cargados. Otras veces son dolores nuevos que sorprenden porque uno pensaba que estaba bien y de pronto aparece un dolor que nunca había sentido. De todos modos, suelen no ser dolores muy intensos, más bien pequeñas molestias que al día siguiente desaparecen.


El caso es que tu cuerpo ha reaccionado ante una modificación en la forma de pisar a la que venía acostumbrado. Entonces hay que escucharle y darle tiempo a que se adapte.

Cómo empezar con tus zapatillas nuevas

Lo mejor para iniciar esa adaptación es empezar a utilizarlas para salir a hacer tiraditas caminando o usarlas durante el día a día. El impacto cuando caminas es mucho menor que cuando corres. Por eso caminar es un ejercicio menos agresivo que viene bien para darle rodaje a las zapatillas nuevas sin poner en tanto riesgo todo tu cuerpo y articulaciones. Así las zapatillas irán cogiendo la forma de tu pie y acomodándose.


Tras haberlas llevado unos días para caminar, tampoco es lo suyo empezar a entrenar con ellas y ya todos los días con las mismas. Al principio hay que usarlas en entrenamientos suaves, rodajes de unos 6-8 km.


Es recomendable comenzar a usarlas para entrenar alternándolas con las antiguas zapatillas. Por esto conviene que cuando vayas a cambiar tus zapatillas, las antiguas no estén ya agotadas. Normalmente los fabricantes recomiendan cambiar unas zapatillas cuando llevan en torno a 800 km hechos. Se supone que entonces el sistema de amortiguación ya empieza a no responder muy bien.

Sobre todo, conviene no usar las zapatillas nuevas para entrenos duros hasta que se esté seguro y cómodo con ellas. Diría que estaría bien ir combinándolas usando las nuevas sólo para entrenos suaves durante 2-3 semanas.


Pasado este periodo de adaptación y una vez que uno ya se siente cómodo con ellas y no nota ninguna molestia o similar tras los entrenamientos, ya se les puede empezar a meter más caña. Empezaría primero a usarlas en tiradas largas y luego ya las iría introduciendo en entrenamientos de calidad.


Personalmente, creo que es bueno tener siempre más de un par de zapatillas y no usar siempre las mismas. Por una parte, favorecerás que el cuerpo no se adapte a un solo tipo de amortiguación. A mí desde luego me iba bien ir cambiando de zapatillas sobre todo cuando sentía molestias o sobrecargas.


Por otra parte, pensando en corredores que corren a ritmos rápidos, es bueno tener dos pares de zapatillas de características diferentes. Una de suficiente amortiguación para el 80% del trabajo y la otra zapatilla con un perfil más bajo, más de “competición”, para hacer aquellos entrenamientos más exigentes como series, cuestas, intérvals… e incluso para las competiciones. En mi caso tenía claro que si me calzaba las zapas de guerra era para hacer cosas rápidas y de chispa.



¿Cuánto tiempo debo usarlas antes de una competición?

Pretender estrenar zapatillas el día de una carrera es una locura. Tu pie no está todavía adaptado a ellas y el esfuerzo que vas a realizar es muy grande, lo más probable es que te den problemas y te amarguen la carrera.


Todo depende del tipo de competición pero no me atrevería a correr una maratón con unas zapatillas que no llevaran como mínimo 50-60 km de rodaje y a ser posible algunos más. Lo suyo sería haber corrido una o dos semanas antes de la prueba (la que sea) con ellas.



Todo esto también es aplicable a zapatillas de trail. Conviene usarlas durante varias semanas para ir domándolas.


¿Qué pasa si me he equivocado en la elección de zapatillas?

Actualmente hay muchos modelos de zapatillas en el mercado: más anchas, más estrechas, que se ajustan al pie como un guante, con un tipo de amortiguación u otra… Al final, la mejor manera de elegir bien tus zapatillas nuevas es probarse distintos modelos de muy diferentes características e ir viendo con qué tipo de características te sientes más cómodo. Es una cuestión de percepciones y sensaciones de cada uno.


No obstante, hay distintos parámetros que ayudan a definir qué tipo de zapatillas funcionará mejor para cada uno:

  • – Peso

  • – Tipo de pisada: neutra, pronador o supinador.

  • – Distancia semanal que se corre

  • – Ritmo al que corres

  • – Superficie por la que se corre

  • – Textura con la cual se siente más cómodo: si es más o menos dura o blanda.

Si no has elegido unas zapatillas adecuadas a tus características y sobre todo a tu peso, tus articulaciones lo van a pagar. No te estarán proporcionando la amortiguación suficiente y recuerda que cuando corres impactas con una fuerza similar a la de tu cuerpo multiplicada por tres. La zapatilla debe amortiguar ese impacto si no tus articulaciones y músculos lo sufrirán: rodillas, espalda, tobillo, gemelo, sóleo…


Si por el contrario te equivocas y coges una zapatilla de una gama superior, en este caso no es tan grave el error pero realmente no es la zapatilla que necesitas.


Si eres pronador y estás usando unas zapatillas neutras, puede pasar que te empiece a doler la rodilla por su parte exterior y quizá también la espalda. Aunque esto dependerá también del grado de pronación, con poca pronación no es tan necesario llevar unas zapatillas específicas y se puede ir con unas neutras.


Cómo lavarlas y secarlas

Cada día se hacen zapatillas con materiales más sofisticados y cuidando más pequeños detalles. A veces para nosotros resultan imperceptibles pero pueden mejorar cualidades como la transpiración, amortiguación o elasticidad.


Es por esto que aunque creamos que no pasa nada por lavarlas en lavadora o poniéndolas a remojo y secándolas al sol, igual sí estamos dañando ciertas partes de las zapatillas que no alcanzamos a percibir a simple vista pero que pueden reducir sus prestaciones o acortar su vida útil.


A la hora de cuidar y limpiar nuestras zapatillas conviene aplicar las siguientes recomendaciones:

  • – En la medida de lo posible no utilizar la lavadora. Limpiarlas con un trapo húmedo.

  • – Tampoco usar la secadora. Ponerlas en un rincón y que se sequen por sí mismas, sin secador, secadora o exposición directa al sol.

  • – En caso de que decidas meterlas en la lavadora, hacerlo sólo con aquellas que en su mayor parte sea tejido, sin termosellados.

  • – No utilizar los suavizantes. Estos no limpian, simplemente cubren con una capa que da buen olor y destroza los materiales.

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