Como encontrar tu ritmo ideal de carrera.

¿Cuántas veces te ha pasado? Llegas a una línea de salida de una carrera, la que sea, te encuentras con alguien que conoces y te pregunta “¿a qué ritmo vas a correr?” Seguidamente, te quedas pensando unos segundos y, con la mayor de las sinceridades, le respondes “No tengo ni idea, a ver qué sale”. La otra persona, casi siempre, no se lo va a creer. Pensará que estás guardando tus cartas para después hacer un carrerón y sacarle varios minutos. O que no quieres decirlo por (falsa) modestia. Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, tendrás razón al decir que no sabes a qué ritmo vas a correr.


Comenzar una carrera sin una estimación de a qué ritmo vamos a correr suele ser un gran error. Muchas veces, porque pensamos que no es una carrera importante, o no tenemos un objetivo de hacer marca, simplemente queremos estar ahí, disfrutar de un día de carrera. Lo que sucede es que muchas veces también, en cuanto comienza la cuenta atrás antes de la salida, ya estamos con “el cuchillo entre los dientes”, y no podemos evitar ponernos a correr como locos. Con plan o sin plan, casi siempre salimos a dar el máximo de nosotros en una carrera. Será el ambiente, será el dorsal, o será el espíritu salvaje de nuestro subconsciente. Pero es así. No me digas que no te ha pasado.


Sin embargo, a lo que nos exponemos es a que los últimos kilómetros de la carrera se nos hagan infinitos. O a algo peor: que nos lesionemos, que tengamos molestias el resto de la semana. Lo que puede parecer una buena idea, se acaba convirtiendo en un freno para el resto de nuestros entrenamientos. Si entrenas con un grupo o tienes un entrenador, lo mejor es que consultes. Que la semana antes de la carrera hagas una evaluación de qué quieres conseguir en ella y tomes una decisión en cuanto al ritmo que quieres (y puedes) llevar en carrera.


¿Es buena idea correr una carrera “por sensaciones”? Puede ser tan buena idea como mala. Correr por sensaciones viene a ser el equivalente a “tranqui, que yo controlo”. Y esta afirmación es tan cierta para algunos como temeraria para el resto. Si conocemos muy bien a nuestro cuerpo, podemos ser capaces de regularnos simplemente analizando cómo va respondiendo al esfuerzo. Para que funcione, deberíamos empezar en progresión, con ritmos más lentos al principio y progresivamente ir aumentando la velocidad hasta que vayamos sintiendo que nos ponemos a un nivel de pulsaciones alto, pero que nos permite seguir corriendo. Evidentemente, es una táctica que funciona mejor cuanto más nos conocemos. Para ello, tenemos que haber participado ya en unas cuantas carreras. Tenemos que ser capaces de diferenciar la sensación de aumentar de pulso de la del agotamiento, y tener la suficiente inteligencia como para poner el límite cuando nos estemos pasando.


Correr por sensaciones es una buena manera de ir conociéndonos, ya que estaremos más pendientes de las señales de nuestro cuerpo y podremos ajustar el esfuerzo a nuestras condiciones reales.


Que el entrenamiento marque tu ritmo: Aunque lo lógico sería que, si estamos haciendo un entrenamiento más o menos ordenado, sepamos a qué ritmos estamos preparados para correr. Si haces de vez en cuando series, sobre todo de 1.000 en adelante, habrás podido ver qué ritmos puedes aguantar durante mucho tiempo. Las tiradas a ritmo controlado son un buen indicador de cómo estamos de preparados ante una carrera. Por supuesto, de nada valdrá que estemos acostumbrados a ritmos altos si entrenamos una o dos veces por semana. Sólo si tenemos una buena base de kilómetros podemos estar seguros de llegar a los kilómetros finales con la seguridad de que vamos a ser capaces de aguantar el esfuerzo.


No necesariamente tenemos que volcar nuestro entrenamiento hacia una carrera en cuestión, pero siempre que tengamos una preparación adecuada podemos saber cómo marcarnos el ritmo una vez empiece la carrera.



Si no encuentras tu ritmo, encuentra a alguien que lo lleve: Otra opción, si nada de lo anterior funciona, es ponerte “a rebufo” de alguien que esté corriendo a un ritmo que veas adecuado para ti. De esta forma, te liberas de la presión de ser tú quien marca el ritmo. Dejar de pensar por un rato y centrarte sólo en tus piernas o en el resto de estímulos de la carrera (el ambiente, paisaje o los pájaros que revolotean), te ayudará a llevar un ritmo constante, siempre que hayas elegido bien a tu liebre, claro. Si ves que esa persona comienza a bajar el ritmo o a aumentarlo, debes plantearte cambiar.


Encontrar el ritmo adecuado en una carrera es, muchas veces, complicado. Pero más aún si no hemos hecho los deberes y nos ponemos el dorsal sin saber qué vamos a hacer. Por eso, la recomendación es que dediques, aunque sea el día anterior, unos minutos a pensar en la carrera, en qué esperas de ella y ser consciente de cuál es tu estado de forma para afrontarla. Pero siempre sabiendo que, al contrario que en “El Equipo A”, los planes no siempre salen bien.

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