Por qué solo sudar no te va a hacer perder peso

Debería ser una de las leyendas sobre el deporte que ya hayamos desterrado para siempre, pero sigue siendo un punto de confusión entre los que empezamos a correr. No es extraño ver, incluso en épocas de calor, a corredores o corredoras cargados de ropa. Muchas veces tendemos a equiparar el sudor con el resultado de nuestro esfuerzo. Esa frase bíblica de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, posiblemente ha hecho más daño del que pensamos.


Sudar no está relacionado directamente con el funcionamiento de tu sistema muscular. Dos mitos que se suelen dar como verdaderos, pero que no lo son, serían:


- Si una persona suda más que otra es que se está esforzando más.


- Si sudo más, estoy perdiendo más peso.


Vamos a empezar con la segunda. Cuando hacemos ejercicio se produce en nuestro cuerpo una reacción en forma de quema de calorías. Para ponerse en marcha, y resumiendo mucho el funcionamiento de nuestro cuerpo, los músculos se ponen a quemar reservas de glucógeno para transformarlas en energía que hará moverse a esos músculos. Como ya sabes, la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma.


Al ingerir alimentos, la energía se almacena en el cuerpo en forma de glucógeno, yendo la parte sobrante a las reservas de grasa. Cuando comenzamos un ejercicio, el combustible más instantáneo es este glucógeno, por lo tanto para tener una respuesta más rápida, se consume primero éste. Al comenzar la combustión, se genera energía mecánica, es decir, los músculos y tendones comienzan a estirarse y contraerse, dando lugar a los movimientos que conforman la carrera. Cuando las reservas de glucógeno comienzan a agotarse, el cuerpo metaboliza la grasa como fuente de energía para seguir funcionando. Por eso se dice que la reducción de grasas se produce cuando llevamos un tiempo por encima de los 40-50 minutos haciendo ejercicio.


Como resultado de esa combustión, necesaria para producir energía, no se libera sudor. Es decir, sudar más no significa que estemos consumiendo más energía en forma de grasas (por cómo lo cuentan algunas personas, a veces parecería que el sudor es grasa licuada, nada más lejos). El sudor es la respuesta de tu cuerpo al aumento de temperatura. Es una consecuencia del ejercicio, pero no está directamente relacionado con la quema de combustible que se necesita para correr.




Al sudar, rebajamos nuestra temperatura corporal. El sudor se expele por las glándulas sudoríparas en nuestra piel y no es más que agua que el cuerpo canaliza para servir como sistema de refrigeración. Exacto: igual que un coche. Y, como si de un sistema de refrigeración de coche se tratara, depende de cómo lleves de lleno el depósito: cuanto más sudes, más agua necesitas beber. Tenemos entre 2 y 4 millones de glándulas sudoríparas en nuestra piel y cuánto sudemos depende de este número. Es algo personal, no va en función de la edad, peso, altura. Los hombres, por lo general, disponen de más glándulas que las mujeres, pero no es algo que suceda en todas las personas.


A nivel superficial, lo que pierde con el sudor es agua corporal que acaba evaporándose más o menos en función de la humedad del ambiente. Por el camino, arrastra electrolitos en forma de sales. Por eso es fundamental reponer las reservas bebiendo agua o isotónico. Si sudas mucho y no repones ese agua, por supuesto que pesarás menos cuando acabes de correr. Pero necesitas recargar las reservas de agua, con lo que después de beber, volverás a la casilla de salida nuevamente. La quema de grasa corporal como resultado del ejercicio sí se transforma en reducción de peso con el tiempo, pero corriendo con una sudadera gruesa o una bolsa de basura (hemos visto de todo) no estarás quemando más energía. Sudarás más y por tanto te deshidratarás antes, pero no estarás quemando más grasas.


Como decíamos más arriba, la cantidad de sudor que tu cuerpo emita como respuesta al aumento de temperatura depende únicamente de cómo esté configurado nuestro sistema de refrigeración (mayor o menor número de glándulas). Pero nunca es una relación directa con tu nivel de esfuerzo. Así que, si corres con tus compañeros y sudas más que ellos, no significa que estés en peor forma o que ellos se hayan esforzado menos que tú.

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